
Por ahora no es carnaza televisiva con lo que poco importa, pero de nuevo supura la República Democrática del Congo, una de esas heridas enquistadas que amenaza al mundo con convertirse tarde o temprano en tumor maligno.
El conocido como antiguo Congo Belga -realmente no era colonia de Bélgica sino propiedad privada de su rey- se debate de nuevo entre rebeldes y oficialistas. El incendio se propaga rápidamente. Cerca de diez mil soldados se apostan cerca de la frontera ruandesa mientras que observadores internacionales han comprobado que el Gobierno cuenta con uniformados lusófonos, presumiblemente llegados de Angola. Sería una lástima que la crisis arrastrase a este último país que parecía sobreponerse con razonable éxito a décadas de guerra civil.

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